sábado, 31 de marzo de 2012

El pánico

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Antes de que empezase la bajada, Grecia era el país europeo con menos índice de suicidios

Artículos | 15/03/2012 - 00:00h

Quim Monzó

QUIM MONZÓ

Cuando era joven y leía sobre el crack de 1929, los suicidios que entonces hubo los veía entre una niebla irreal. Yo era hijo de una familia obrera que iba justita, y me sorprendía que la gente pudiese llegar a suicidarse por tener poco dinero. Era inocente, y conocía poco los mecanismos que llevan a tomar decisiones de ese tipo. La mente humana es frágil, y el miedo activa rincones desconocidos que te llevan a la frontera del terror. Hará un mes vimos por televisión imágenes de una mujer, en una ventana de Atenas, llorando y a punto de saltar porque la empresa donde trabajaba estaba amenazada de cierre y ella perdería el trabajo, y su marido tampoco tenía, y había una hipoteca por pagar... En las fotos que luego vimos en la prensa, al lado de la mujer, una parienta suya conseguía que finalmente no se tirase.
Pero el suicidio se mantiene, en Grecia, como una opción espectral. Antes, Grecia era el país europeo con menos índice de suicidios, y ahora se esfuerzan por ayudar a las personas que no ven otra salida. La BBC avisaba hace casi medio año del trabajo que hace Klimaka, una oenegé griega que se dedica a dar ayuda psicológica a personas que han llegado al convencimiento de que la única solución es acabar con su vida. Explicaba entonces que la ayuda la daban por vía telefónica o por correo electrónico, y que las cifras eran preocupantes. Hablaban del caso de un ateniense de sesenta años, sentado frente al ordenador y convencido de que nunca más encontraría trabajo, que abría la página de Google y escribía en la barra de busca la palabra suicidio, para informarse de los métodos posibles. Casi medio año después, la situación parece no haber mejorado mucho. Estos días es el servicio de noticias ruso RT el que habla de la oenegé Klimaka. Explica que en el 2010 recibió 2.500 llamadas de personas que querían suicidarse y que, sólo un año después, en el 2011, la cifra era ya de 5.000. Una psiquiatra que trabaja en Klimaka explica: "Últimamente la mayoría de los que llaman han perdido el trabajo o tienen miedo a perderlo, o problemas porque no pueden hacer frente a las deudas".
¿Cómo es que aquí hablamos tan poco de ese asunto? El mes de octubre pasado, el día mundial de la Salud Mental el psiquiatra Álvaro Rivera explicó en la agencia Efe que las situaciones de angustia que vive buena parte de la población han multiplicado los episodios de depresión y ansiedad. Si eso era así en octubre, imaginad cómo debe ser ahora. ¿Se habla tan poco por miedo a que se produzca un efecto contagio? Sin embargo, con esa actitud, ¿no estamos escondiendo la cabeza bajo el ala? Hablas con mucha gente y la desesperación es palpable y creciente. Ya que los medios de comunicación pasan de puntillas por las noticias que mencionan índices de suicidios, estaría bien que, al menos, publicasen cada día en lugar preferente el teléfono de la esperanza: 902 500 002. No es gran cosa: un simple recuadrito, para los que lo necesiten.

1 comentario:

Ritmo contra tartamudez dijo...

KitioUSaludos amigo:
me permito incluir un fragmento de El Convenio R.A.(Indignate si quieres pero guarda las tijeras y mueve el culo)
Tambien un link al que podeis acceder.
https://www.facebook.com/photo.php?fbid=213871012047498&set=a.116531848448082.14278.100002738033941&type=1&ref=nf

Gracias.

..............

El chuletas, se puso los guantes con parsimonia, miro a todos con chulería, y se fue. No sin antes decir:
―Hasta el mes que viene.

―La madre que lo parió, encima chuleándose del personal. Dijo el Joker. ¡Se ha llevado cinco naranjas, así por toel morro!
―Ahí tenéis a los mercados, compañeros. El mayor timo del Siglo XXI. En mis tiempos el mercado, no los mercados, eran el resultado de la oferta y la demanda. Ahora no, ahora estamos en manos de cuatro facinerosos, que juegan con la vida de la gente en forma de naranjas. Y pulsando un botón mandan a la mierda a un país entero, a una moneda o a lo que les dé la gana. Y después encima salen por la tele con total impunidad. A este lo tenía yo a pan y agua, ¡a ver si se moría de gusto!
―Si alguien va a ponerle freno a esto, seremos nosotros y estos cabrones van a terminar en los mercados si… pero en los de Grecia, descargando cajas a las tres de la mañana.
―Y por mis… por mis esos… que serán cajas de naranjas, de las más gordas y pesadas!
―Eso, eso, ¡naranja perpetua!. Dijo el de siempre.
Vaya cómo estaba el Joker.