lunes, 22 de marzo de 2010

Compañera del Teléfono de la Esperanza asesinada por su ex marido

 

La solidaridad, según Julia Madruga Benítez

Estimados amigos:

Como ya sabréis muchos de vosotros, desgraciadamente, nuestra compañera Julia Madruga Benítez falleció el pasado viernes tras ser acuchillada varias veces presuntamente por su ex marido, que la cogió por sorpresa cuando se encontraba en una habitación de la clínica Blanca Paloma junto a la cama de su madre enferma.

Según lo que ella misma les había relatado a las compañeras y los compañeros del Teléfono de la Esperanza de Huelva, la relación con su ex marido había sido realmente “tormentosa”, hasta el punto de que Julia había sido víctima de agresiones en diversas ocasiones. Y ocurrió que Julia se hartó y ya, desde el año pasado, Julia puso fin a todo vínculo con su ex marido. Fue entonces, en el mes de agosto, cuando el presunto asesino volvió a agredir cobardemente a nuestra compañera y la amenazó de muerte. Muchos conocidos y vecinos fueron testigos en muchas ocasiones de las amenazas de muerte que el agresor fue profiriendo contra su ex mujer. Julia interpuso entonces una denuncia por amenazas contra el presunto asesino, pero no hubo condena y el proceso quedó sobreseído porque ninguno de las personas ante las que su él había manifestado su intención de matarla quisieron testificar cuando se celebró el juicio.

Las declaraciones, ahora ya ante los medios de comunicación, de muchos de los vecinos y conocidos de Julia revelan que la tragedia era la crónica de un crimen anunciado... Porque muchos miraron para otro lado. (Allá cada uno con su conciencia. Que cada uno se entienda con ella como pueda. No es difícil: siempre hay excusas y justificaciones de las que echar mano...)

Ciertamente, nuestra forma de vida no favorece que seamos cada vez mejores personas. Probablemente, en nuestra sociedad actual se ensalza más la competencia, el triunfo personal, el individualismo y el “sálvese quien pueda” que la ayuda mutua y la solidaridad.

Lo que me hace tener algo de esperanza es que Julia no era así. Ni mucho menos. A pesar de los graves problemas personales, le preocupaban los problemas de otras personas, personas que cotidianamente acuden a los Centros del Teléfono de la Esperanza en busca de apoyo en aquellos momentos de crisis emocional en los que nada tiene sentido y por los que casi todos hemos pasado alguna vez en nuestra vida. Julia era coordinadora de grupo en el Teléfono de la Esperanza de Huelva y dedicó gran parte de su tiempo a echar una mano a muchas personas desconocidas para ella pero en las que reconocía su derecho a ser escuchadas por alguien. Muchas gracias, Julia.

Sucesos como éste ponen de manifiesto la falta que tenemos de más Julias en nuestros vecindarios, en nuestros barrios y en nuestras ciudades. Mientras no entendamos que la violencia machista nos afecta a todos y nos incumbe a todos, no acabaremos con ella. Es un problema de todos: de quienes la sufren y que quienes no la sufren, de las mujeres pero también de los hombres.

Para finalizar (¿querremos que esta maldita lacra tenga fin?), recuerdo las palabras que erróneamente se atribuyeron al dramaturgo alemán Bertold Bretch (en realidad su autor fue el pastor protestante Martín Niemöller y las pronunció durante un sermón en la Semana Santa de 1946 en la ciudad alemana de Kaiserslautern), pero que independiente de su autoría, desgraciadamente no pierden su vigencia:

Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas,

guardé silencio,

porque yo no era comunista.

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,

guardé silencio,

porque yo no era socialdemócrata.

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,

no protesté,

porque yo no era sindicalista.

Cuando vinieron a buscar a los judíos,

no protesté,

porque yo no era judío.

Cuando vinieron a buscarme,

no había nadie más que pudiera protestar.

 

Asociación Internacional del Teléfono de la Esperanza

C/ Francos Rodríguez 51, Pasaje Bellas Vistas – Chalet 25 – 28039 MADRID

Telf.: 91 459 00 62  Fax: 91 459 04 50  - Web: www.telefonodelaesperanza.org

3 comentarios:

angela dijo...

Enorabuna por abrir el blog "Telefono de la esperanza "hay muchas mujeres que sufre por desgracias de maltrato de sus maridos .... ahora atravez de este blog y amigos/as puede ser en contacto con vosotros....
ENHORABUENA......

sagraja dijo...

Atraves de esta ventana quiero unirme al dolor tan inmenso q pueden estar pasando y q seguira con ellos de por vida sus familiares.Un beso enorme.Carmen

Anónimo dijo...

¿JULITA?
Me levanto y pongo la radio. La primera noticia, desgraciadamente, otro caso más de violencia de género. Esta vez en Huelva. ¿Otra? ¿Hasta cuándo? me pregunto. A media mañana, recibo la llamada de un familiar, que me hiela la sangre. ¿Julia? Pero… vamos a ver ¿JULITA? No, no puede ser. ¿Cómo va a ser? Busco rápido una tele y no tengo que esperar mucho. Allí en la pantalla, aparecen a las puertas de un tanatorio, mi amigo Fernando, Lala, Felipe. Si, ha sido ella. Mi amiga de la infancia, mi amiga Julita. Me quedo como flotando y me viene a la mente la imagen que guardo de ella, de las últimas veces que la vi. Sus 15 años, su personal estilo y elegancia y sobre todo, su inmensa bondad. No volví a verla, a pesar de que preguntábamos y nos contaban cosas. La vida nos zarandea con fuerza y cada uno termina en un lugar y en una circunstancia determinada. Recuerdo ahora muchas escenas. Las veces que su padre (buena persona, esplendido y exquisito como él solo) nos subía en su cochazo y nos llevaba a todos a merendar a la mejor cafetería de Huelva. Los estudios. La playa. De pronto, en mi cabeza, comienzan a sonar canciones que no pensaba recordar: “Venecia sin ti” “Noches de Blanco Satén” “La casa del Sol Naciente”….Las canciones de nuestros primeros bailes de pandilla y reuniones. Nuestras canciones. Nuestro tiempo. Adolescencia feliz. Y todos fuimos testigos de su inmenso amor por él. Se enfrentó a todo y a todos, por él. ¿Quién iba a pensar que él..? ¿Cómo pueden pasar, estas cosas tan horribles? Julita, amiga del alma, por edad, ya no tardaremos tantos años en volver a vernos, pero aquí seguiremos queriéndote siempre y la presencia de tu ausencia, siempre nos acompañará. Hasta siempre.
Rafael Bueno Redondo. Córdoba.