sábado, 27 de febrero de 2010

Hasta que se dio cuenta!

Aquel hombre llamaba la atención. Por su pulcritud. Por su control. Por su saber tantas cosas hacer bien. Por su valía demostrada siendo a penas un rapaz. Sus padres le enseñaron a ser el mejor. El más listo. El más capaz. El que antes llegaba a la meta. El que primero devoraba la comida.

Aprendió a exigirse mucho. A no fallar. A trabajar sin descanso, siempre algo más que los demás. A sacrificarse en pos de un listón siempre alto, siempre excelso.

Le enseñaron a jugar para ganar, para competir. ¡Qué es eso de que lo importante es participar!. Ese batallón está lleno de fracasados, de derrotados. Los triunfadores están en otro equipo, tienen otro calaña, otra capacidad. No se quejan, avanzan, tiran par adelante. Aunque sea de rodillas.

Y si las cosas no les salen bien se cabrean, gritan, aprietan los dientes y a intentarlo de nuevo. ¡Qué el mundo no está para dejarse caer!. La cabeza bien alta, que se note que nadie puede meterse contigo, porque eres fuerte, eres duro, eres frío y si te enfadas tienes muy mala leche.

Así fue durante años. Su mujer le adoraba. Decía que no había hombre como él. Su marido la depilaba, la arreglaba los zapatos, cocinaba como un gourmet famoso, y sabía todas las estrategias para conseguir que sus hijos obedecieran o no se dejaran comer la merienda y muchas cosas más.

En el trabajo sus compañeros poco a poco se fueron distanciando. No soportaban sus frecuentes críticas, sus palabras muchas veces cargadas de razón, pero siempre faltas de ternura, sus juicios inapelables, sus jornadas laborales interminables. Nadie trabajaba como él, Nadie cumplía como él. Nadie controlaba todos los resortes como él.

Sus amigos fueron menguando de forma alarmante. Le ponían disculpas. Le daban largas. Lo cierto era que no querían estar con él, que se sentían incómodos ante una persona tan capaz y tan perfecta. En broma, le decían con frecuencia:

- Solo te queda que mear champán.

Sus padres estaban orgullosos de un hijo tan competente, tan bien situado. Sus hermanos pasaban de él. Preferían ir reduciendo los encuentros familiares bajo cualquier disculpa.

Sus tensiones las iba descargando con las visitas semanales al fisio y el duro deporte al que se entregaba todos los sábados. Aún así, mientras dormía, sus piernas golpeaban con fuerza las sábanas y el colchón, como descargas inconscientes, de un mundo rígido y constreñido. Tenía los dientes desgastados de tanto apretarlos y los puños los contraía con cierta facilidad.

Pero iba tirando. Sin darse cuenta del circulo cerrado en que estaba metido. Sin ser consciente de sus propias miserias y rigideces.

Un día su hija adolescente le hizo saltar todas las alarmas.

- Papá, me voy de casa, dejo de estudiar. No soporto tantas normas. Me siento en casa asfixiada. Me ahogo. He intentado muchas veces hablar contigo, pero es imposible. Tú solo sabes de sobresalientes, de horarios rígidos, de orden en las habitaciones, de trabajar y trabajar y trabajar. Yo aquí no aguanto más.

Aquel hombre se sintió sorprendido.

Aquella noche su mundo perfectamente colocado se le vino abajo, como se vienen abajo las casitas de arena en la playa. Y sin red alguna. Su mujer, casi por primera vez, le vio llorar como un niño asustado, inquieto, vacilante. El no entendía lo que había fallado. El que había trabajado de sol a sol por su hija, que le había dedicado sus mejores estrategias y sus teorías más avaladas desde siempre.

Fue tal la presión y el fracaso que sintió dentro que el médico le dio la baja por una temporada. El paseaba taciturno, sin esconderse de los vecinos que murmuraban que qué le pasaba a aquel hombre que era tan duro.

Las discusiones con su mujer se hicieron más frecuentes. ¡Parecía que por primera vez ya no se entendían y ni siquiera tenía interés en hacer el amor los sábados por la noche!.

Empezó a leer libros de autoayuda, como El caballero de la armadura oxidada o El Principito, a conocer técnicas milenarias de conocimiento como el eneagrama o tirarse cada mañana las cartas de Osho, en busca de luz, de sosiego.

Dejó de tenerlo todo claro. Empezó a dudar. Ya no sentía miedo de dejar algunas cosas descolocadas. Ya no hablaba ex catedra. Parecía que se hacía un ser humano.

Abandonó a fase de lágrimas, de noches de insomnio, de palpitaciones frecuentes, de mirar los niños jugando en el parque, de ratos de meditación, las cosas perfectas, los trabajos perfectos, las comidas perfectas, las palabras perfectas y se sintió algo más libre, como más fresco y espontáneo.

No era extraño verle leer poesía de León Felipe o de Mario Benedeti y un viernes por la tarde, con la puesta de sol, se puso a hacer el tonto, a jugar como los peques, a reír como los payasos, a cantar como los locos, a brincar como los beodos y quemó en su estufa del salón las viejas ideas fijas, los estallidos de ira y esa cara fría, distante, juzgadora y enigmática que desde siempre le había acompañado.

Su hija tardó en volver a casa. Tanto como él en salir de ese mundo de círculos de piedras concéntricas.

Pero un día ella regresó y encontró a su padre haciendo el pino en el pasillo, después de hacer pelotitas con el periódico del día.

Hace diez años de todo eso.

Cuando le sigue asaltando a su mente el deseo de un mundo perfecto y cuadrado en el que antes vivía, entonces él se pone el viejo disfraz de payaso, de gamberro y sale a la plaza de la catedral a dar saltos y gritos y reírse a carcajadas, hasta que los municipales le invitan a irse para su casa.

Algunos dicen que se volvió loco, pero él siente que nunca fue tan cuerdo, tanto que un día en la plaza mayor se encontró con una chica disfrazada de payasa, de gamberra. Al llegar a su lado descubrió que era su hija, que también tenía necesidad de dejar atrás su mundo aprendido de perfecciones y enfados.

Aquella vez, sí, juntos, volvieron para casa, abrazados como dos borrachos perdidos.

 

ENVIADO POR VALENTIN TURRADO.

viernes, 26 de febrero de 2010

U N A P I E D R A E N E L C A M I N O

Cuentan que un rey mando colocar una piedra muy grande en medio de un camino y luego procedio a ocultarse para ver si alguien la movia.Pasaron algunos de los comerciantes y cortesanos mas importantes del reino y sencillamente la evitaron.Muchos vociferaron culpando al rey de no mantener los caminos despejados,pero ninguno trato de quitar la piedra del camino.
   Paso entonces un campesino con una carga de hortalizas al hombro.Al llegar al lugar donde estaba la piedra,echo su carga al suelo y comenzo a tratar de mover la piedra hacia la orilla del camino.Tras un gran esfuerzo lo logro.
    Mientras recogia sus hortalizas,vio una bolsa en el camino,en el mismo lugar en que habia estado la piedra.La bolsa contenia muchas monedas de oro y una nota en la que el rey comunicaba que el dinero estaba destinado a la persona que quitase la piedra del camino.
    El campesino aprendio lo que muchos han aprendido desde entonces:  Cada obstaculo nos ofrece una oportunidad para mejorar nuestra condicion en la  vida

Enviado por Kuentero

jueves, 25 de febrero de 2010

sábado, 20 de febrero de 2010

Momentos de Eternidad

Me he quedado colgado de tu mirada, como un niño se cuelga con la última pirueta del acróbata del circo de sol.

Al cogerte el rostro con mis manos escuché la más bonita declaración de amor: “eres una bendición para mí”.

Te busqué entre tantos para desnudarme : “he vivido los últimos meses la parte más fea y negativa de mí”.

Daba igual lo que dijeras, lo importante era oír tu voz cálida y llena de inmensidad: “en nombre del Señor, yo te perdono”.

Y después el abrazo largo, limpio, amplio, profundo, enamorado, como un cielo infinito, tratando de que fuera eterno, de dos seres humanos.

“Me gusta lo que adivino que hay dentro”, fue toda mi confesión para ti . ¡Ay cuánto amor llevaban mis ojos a tus ojos!.

Y de adiós otro abrazo, alegre y triste , deseando el bien del mundo entero y la dicha del encuentro. Celebrando y maldiciendo todo al mismo tiempo.

¡Qué pena que en la tierra lo sublime se acabe haciendo pequeño y pasajero, porque me había quedado colgado de tu mirada!.

Julio 2007, Burgos

 

ENVIADO POR VALENTIN TURRADO

miércoles, 17 de febrero de 2010

ALGUNAS FOTOS PARA RECORDAR CURSO CONOCIMIENTO DE SI MISMO (TRUJILLO,ENERO,2010)

Aún recordamos muchos los buenos momentos ( y los malos) pasados juntos en el Curso de "Conocimiento de sí mismo" celebrado en El Pago de San Clemente(Trujillo) el pasado mes de Enero.Fueron momentos imborrables de los cuales vemos aquí una pequeña muestra.Crecer como persona no está reñido con pasárselo bien.Para todos aquellos que nos hicieron pasar momentos tan maravillosos,un saludo desde el recuerdo.Nos volvemos a ver en Abril.

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martes, 16 de febrero de 2010

Blog Teléfono de la Esperanza de Cáceres

Para nosotros es un enorme orgullo presentar el nuevo blog del Teléfono de la Esperanza, en esta ocasión, nuestros hermanos, paisanos y  amigos de Cáceres han comenzado con su blog, y desde aquí les deseamos la mayor de la felicidad, y nos ponemos a su disposición para todo aquello en los que no necesiten.

Blog Teléfono de la Esperanza de Cáceres

lunes, 15 de febrero de 2010

ENTREVISTA CON MAGDALENA PEREZ,PSICOLOGA,ESPECIALISTA EN DUELO

Recientemente estuvo en Badajoz nuestra compañera ,Presidenta del TE de la Rioja,Magdalena Pérez Trenado,psicologa y psicoterapeuta, especialista en Duelo.El motivo de su visita fue impartir el Modulo correspondiente a Crisis de Duelo correspondiente al Curso Superior de Intervención en Crisis que a lo largo del Año venimos impartiendo en nuestra sede de Badajoz,en colaboración con la Universidad Pontificia de Comillas. Magdalena es una profesional joven,paisana nuestra,pues nació en Campanario,pero a pesar de su juventud,curtida en la difícil tarea de ayudar  a elaborar el duelo a personas que han sufrido perdidas,a veces en circunstancias traumáticas.Dentro de esta labor Magdalena imparte habitualmente Cursos de este tipo a profesionales de la sanidad y de la relación de ayuda que tratan con esta problemática por razones de su trabajo profesional.Amablemente nos recibió y contesto a nuestras preguntas:

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¿Nos puedes explicar a qué nos referimos exactamente cuando en Psicología hablamos de un Duelo?

Duelo es el proceso interno que se pone en marcha cuando experimentamos una pérdida de algo o alguien con lo que hemos establecido un vínculo significativo. Cuando perdemos se produce una desorganización de nuestro mundo interno que va a necesitar un proceso de reajuste que dependerá de muchos factores pero que puede ser largo y costoso, será el Duelo.

Toda pérdida entraña un duelo, la pérdida de salud, de trabajo, afectiva, etc. ¿Qué diferencia hay entre estas pérdidas o duelos  y el duelo por la muerte de un ser querido?

Toda pérdida va seguida de un duelo.

Cada cambio que vivimos en la vida supone pérdidas, aunque también suponga ganancias, y con cada cambio nuestro mundo interno necesita un proceso de ajuste. Hay ajustes de los que no somos ni conscientes, este es un proceso normal y adaptativo, pero hay otros, cuando la pérdida es significativa, que el ajuste pasa por un trabajo interno intenso y difícil. Estos son los procesos de duelo de los que somos más conscientes.

Los procesos de duelo son únicos para cada persona que los vives, incluso para la misma persona son únicos los diferentes procesos que puede vivir a lo largo de su historia. Pero sabemos que hay unos factores que están presentes en las pérdidas por muerte de personas queridas y que en otro tipo de pérdidas o no aparecen o lo hacen con menos intensidad. Uno es la intensidad emocional. Los sentimientos son mucho más intensos y más duraderos cuando la pérdida es por muerte de alguien querido.

Otro es el carácter irreversible de lo que se pierde, la persona, la relación, el vínculo. No es sustituible, ni cambiable, ni podemos reemplazarlo por nada parecido y no puede haber de ninguna manera una vuelta atrás en lo perdido.

Y el último es que la experiencia de muerte de otros cercanos a mí me conecta directamente con mi propia conciencia de finitud y de los que me rodean. Con la realidad de la muerte como parte de la vida para otras personas a las que quiero y también para mí.

Tú dices en tus cursos que todos hemos de pasar de una forma u otra por crisis de duelo a lo largo de nuestra vida ¿Crees que en la sociedad actual estamos preparados para aceptar la muerte como un eslabón natural dentro del proceso de vivir?

Lo normal es que cualquier persona adulta en varios momentos de su vida viva la experiencia de perder a alguien con quien ha estado vinculado. Por poner un ejemplo, parece parte de la experiencia vital normal que perdamos a nuestros padres a lo largo de nuestra vida, que mueran antes que nosotros. Y aunque los vínculos con los padres son unos de los vínculos más profundos que desarrollamos y mantenemos a lo largo de nuestra vida, sean vínculos sanos o deteriorados, estamos internamente preparados para vivir experiencias de duelo, es un proceso humano normal, natural y adaptativo. No obstante vivimos en un contexto cultural y social en el que temas como la muerte, el dolor, el envejecimiento o la enfermedad están ocultos, escondidos, alejados de “la realidad” lo que hace que reacciones normales asociadas a estas experiencias se escondan, se nieguen o se permitan durante un tiempo escaso, limitado. Nos da miedo sentir dolor y nos da miedo estar con personas que sienten dolor porque no sabemos acompañarlo, porque no sabemos vivir con el dolor interno que se nos despierta cuando estamos cerca del dolor de otros.

Frecuentemente hablamos de Aprender a Vivir, ¿deberíamos también hablar de Aprender a Morir?

Esta tendencia a escapar de los temas que nos asustan nos pone en situación de perder la oportunidad de aprender a morir en cuanto a ser conscientes de la importancia de despedirnos, de resolver asuntos pendientes, de perdonar (a otros, a mí)… y muchas de estas cosas se pueden hacer en vida, en el proceso vital cotidiano, como parte de una forma de vivir consciente. Porque se aprender a morir cuando se aprender a vivir. El miedo a la muerte es proporcional al miedo a la vida. Cuando puedo  mantener una forma de vida consciente y plena, una forma de vida “al día” de lo realmente importante, la ansiedad, el miedo, ante la muerte es menor.

Cuando observamos las distintas reacciones de las personas ante el hecho de la muerte podemos pensar que no todos los duelos son iguales ¿Depende la intensidad del duelo de la persona que lo sufre o del hecho que lo ocasiona?

El duelo es una experiencia única que depende de muchos factores. No hay ninguna experiencia de duelo igual, ni siquiera para la misma persona las diferentes experiencias de duelo que sufra a lo largo de su vida serán vividas de la misma forma. La experiencia dependerá de muchos factores, señalaremos los más significativos: depende de la persona que “se queda” en duelo (personalidad, estilo de afrontamiento, experiencias anteriores….), depende de la personalidad de la persona que ha muerto, depende de las causas y de las circunstancias de la muerte, depende la situación y el soporte socio-familiar que la persona en duelo mantenga... y depende especialmente de la relación, del tipo de vínculo establecido entre ellos.

Y finalmente ¿Nos podrías dar algunas pautas generales para ayudar a  elaborar el duelo a una persona que acude a nosotros pidiéndonos ayuda?

Son pocas cosas y muy básica pero muy importantes.

Respetar, comprender y estar presente, acompañando -a veces desde el silencio-, sin prisas ni juicios, sin mensajes vagos o  exigentes (“tienes que ser fuerte”, “es lo mejor que podía pasar”, “sigue adelante con tu vida”, “olvídalo”, “Dios lo quiso así”, “sé cómo te sientes”...) Son mensajes bienintencionados que habitualmente despiertan sentimientos de incomprensión y rabia en quien los recibe.

Respetar el tiempo. Olvidarse el reloj y los calendarios. No hay fechas meta, ni “tiempos objetivo”. Acompañar en el ritmo que el otro necesite sin presionar ni querer correr.

Respetar su proceso, diferente a mío, diferente al de cualquier otro. Y acompañarle en el estar en duelo. Ahora es el momento de dolerse.

Normalizar la experiencia. Cuando una persona está en duelo puede sentir que se está volviendo loca, que se deprime, que no hay salida. Normalizar la experiencia de dolor intenso y la necesidad de recorrer un camino como parte normal y necesaria para volver a reconstruirnos internamente.

Facilitar la expresión de las emociones. Dejar llorar. Estar preparado para acoger y contener (no parar ni reprimir) manifestaciones emocionales intensas y frecuentes (rabia, miedo, tristezas intensas, culpa…) o repetitivas en cuanto a contenidos.

Estar dispuesto a escuchar, compartiendo presencia, tiempo,  cariño, afecto, contacto físico “prudente”, (sin agobiar),  y experiencias espirituales.

Prever y acompañar en fechas especiales, difíciles, como los aniversarios, cumpleaños, navidades….

Y trasmitir confianza en los recursos de la persona para poco a poco, con tiempo y trabajo, continuar con la vida.

Cualquier persona madura, equilibrada, consciente y con sentido común puede acompañar en su camino a quien está viviendo esta difícil pero normal experiencia. Y cuando se complica: derivar a profesionales que puedan realizar un trabajo de duelo especializado.

La experiencia de perder alguien a quien se ha querido también puede suponer una posibilidad de crecimiento personal, de pareja o familiar.

domingo, 14 de febrero de 2010

Carnaval de Badajoz

Amor mio (En el día de los Enamorados)

 

No, amor mio, no,
yo no te amo,
eres la cuasa
por la que he dejado
de pensar
en mi mismo,
que haya abandonado
siquiera temporalemte
mi egoismo.
No, amor mio, no,
yo no te amo,
por ti
el cielo es azul
en la primavera de mis dias,
las rosas
crecen inundando
con tu fragancia
todos los rincones
por los que pasas,
y también,
por qué no decirlo,
eres la causa mediata
de mi infierno privado.
No, amor mio, no
yo no te amo,
eres la razon
de mi locura
y ceguera,
bendita locura,
bendita ceguera.
No, amor mio, no
yo no te amo,
son mis brazos,
mis manos,
mi rostro,
mi corazón
y mi alma,
todo mi ser,
pero yo no te amo.
Qué sería del mundo
con tu ausencia,
qué sería de mi corazon
sin tu presencia.
No, amor mio, no
yo no te amo,
ante tus ojos me rindo,
en tus brazos muero,
con tu voz renazco,
y por tu alma,
AMO.

sábado, 13 de febrero de 2010

Ella y el bueno del Sr. Cura

Mientras se dejaba hacer el amor, ella evocaba aquella cara dulce, aquel hablar sereno, aquella mirada sincera.

- ¿En qué piensas?, le susurró su marido.

- En lo mal que está el mundo.

Como le iba a decir que ella, cristiana de toda la vida, catequista de niños de comunión, estaba enamorada del Cura de la Parroquia. Como contarle que al verle decir misa sentía deseos insospechados, deseos solo expresados a su diario íntimo. Como decirle que sus besos de paz en tantas jornadas festivas llevaban la más tierna de las caricias y sus miradas, ¡qué se yo lo que llevaban sus miradas tanto tiempo reprimidas!

“Deseaba al cura”, esa era la verdad simple que ella adornaba con admiración hacia su infinita labor altruista.

Solo en sueños se permitía acostarse con él, balancearse contra su cuerpo y al despertarse sudorosa, agitada y húmeda, un sentimiento de culpa amargo y cruel, le envolvía el alma.

- ¿Qué te pasa?, le preguntó su marido.

- Pienso en el gobierno, me da sofoco cómo está tirando por tierra las buenas costumbres y hasta legaliza el matrimonio entre maricas y reparte preservativos por los colegios. ¡Qué barbaridad!.

Cuando aquel lunes por la mañana, en la soledad del despacho parroquial, le pidió confesarse, sintió el corazón palpitar como en una noria altísima. Se aseguró de que nadie les molestara. Le sintió cerca como siente la ola al mar y la cabeza entera le daba vueltas con una obsesión irrefrenable.

- Le puedo pedir un favor.

- Tú dirás.

- ¡Que sea mi director espiritual!. Usted es un hombre bueno y su consejo me vendrá bien.

A partir de aquel día las confesiones se hicieron más frecuentes, pero siempre los lunes por la mañana, cuando la gente trabajaba y las beatas todavía estaban amaneciendo. El Cura era un ingenuo. Ella le contaba apresuradamente su vida, sus convicciones religiosas, tan poco compartidas por su marido y lo mucho que le costaba últimamente cumplir con sus deberes conyugales, especialmente cuando él pretendía practicar sexo oral o esas técnicas novedosas de la cubana u otras parecidas.

El bueno del Cura empezó a sentirse incómodo en aquella habitación solitaria, pero las lágrimas de la catequista le confundieron y le inquietaron.

- Padre, mi marido no me entiende. Si yo le contara detalles..

- Ven a hablar conmigo cuando lo desees. La sexualidad no es mala, ya sabes que Dios nos ha hecho así, pero bueno, hay límites.. Yo te comprendo, vivimos un momento en que todo parece sexo, hasta aburrir. Ya sabes que en mí no hay otro interés que ayudarte.

- Y en mí tampoco...

Desde entonces la catequista se sintió más desdichada, no porque se hubiera enamorado del Cura, sino porque se sentía culpable de ello y no estaba dispuesta a reconocer sus sentimientos y menos aún a compartirlos con su marido.¡Qué iba a pensar!.

- El mal no está en sentir sino en hacer daño a los demás con nuestro sentir y no atreverse a hablarlo, le dijo otro día el Cura.

Poco a poco el hielo fue creciendo entre marido y mujer. Nunca se arriesgaron a contarse sus sentimientos encontrados, sus vacíos, sus búsquedas y sus frustraciones. El, por su parte, empezó a fijarse en una oficinista con ganas de experimentar después de su fracasado matrimonio.

- Hay algo peor que el engaño, le dijo otro día el Cura paseando por el campo primaveral.

- ¿Cuál?.

- No atreverse a reconocerlo.

- Mira, llevo una temporada agitado y nervioso. Aunque soy un cura sin inexperiencia, no por ello he dejado de sentir, de experimentar. Me atraes, me atrae tu cuerpo, tu figura y siento deseos de saber por mi mismo lo que es eso de hacer el amor, lo que es acariciar unos lindos pechos. Pero no. Estaría engañando a tu marido. Me estaría aprovechando de ti. Y no quiero ninguna de las dos cosas.

- Yo también deseo...

- Quiero ser honesto contigo y con tu marido. Vete a tu casa y si algún día te separas, vuelve, si lo deseas, y veremos entonces qué hacer, pero mientras no, por respeto, por honradez con lo que tantas veces he dicho. A mi me duele esto del celibato, pero más aún la frivolidad y la cobardía.

Ella se marchó y no volvió más. No soportó sentirse descubierta y menos aún que el Cura le dijese que la deseaba, pero que no iba a dejarse llevar por sus locuras. ¡Ella solo quería un amor en secreto, nada más!. Jamás habló con su marido de sus sentimientos y jamás volvió a la Parroquia. Se conformó con los encuentros esporádicos con aquel viejo novio de su juventud, sin compromiso y sin necesidad de desvelar sus miserias. Su marido ya ni siquiera le pedía cumplir. A él le bastaba con la oficinista deseosa de experimentar. “¡Al fin qué más daba un cuerpo que otro y su mujer estaba muy vista y era algo frígida!”, llegó a decir a sus amigotes.

Entre mentiras y cobardías fueron viviendo, malviviendo, creyéndose justos y sanos. Como gente de orden y de buenas costumbres, que jamás apostarían por un divorcio o una separación civil. ¡Si acaso, una nulidad!

El bueno del Cura un día se atrevió a soñar y siguió su sueño, un sueño acompañado y hermoso, que le costó algún disgusto y bastantes problemas económicos, pero vivió en verdad y en honradez, siempre fiel a los dictados de su corazón y a las creencias tanto tiempo expresadas. ¡Porque no puede haber abismo entre el amor y la fe!. Y hasta fue feliz.

ENVIADO POR VALENTIN TURRADO

miércoles, 10 de febrero de 2010

La voz que tiende una mano (Diario Hoy)

BADAJOZ

09.02.10 - 00:14 -

TANIA AGÚNDEZ | BADAJOZ.

  • Aumenta la cantidad de usuarios que contacta con esta ONG con problemas emocionales originados por las dificultades económicas

Se duplica el número de llamadas que recibe el Teléfono de la Esperanza

9.814

consultas se registraron en 2009, cifra que se ha ido incrementado progresivamente durante los últimos años.

189

personas solicitaron el año pasado los servicios psicológicos y jurídicos, un 56% más que el anterior.

AL DETALLE

TEÓFILO MARTÍN LOSADAPRESIDENTE

Suena un teléfono. Un pacense con problemas llama. Una voz suave y dulce contesta al otro lado de la línea. «Teléfono de la Esperanza, ¿dígame?». Esta operación es cada vez más frecuente en la sede de Badajoz de esta ONG, que atiende a toda la provincia. Tanto es así que las llamadas se han duplicado en los últimos cuatro años. En 2006 se registraban 4.600 consultas, cifra que ha ido aumentando progresivamente hasta llegar a contabilizar el año pasado 9.814.

La causa principal de esta tendencia hay que buscarla en la crisis económica. En los últimos tiempos muchos han visto cómo han tenido que cambiar sus hábitos de vida debido a las dificultades laborales, económicas y financieras que atraviesan. Esto ha alterado el estado psicológico de muchos ciudadanos y ha provocado que otros tantos se tengan que enfrentar a desequilibrios emocionales, de ahí que recurran a los servicios que ofrece esta organización que se dedica a la promoción de la salud mental. De hecho, alrededor de un 20% de las llamadas tienen relación con la realidad económica del interlocutor. «Hace unos años nadie llamaba diciendo que tenía problemas para llegar a fin de mes o que no podía pagar la hipoteca. Ahora son muchos los que se encuentran en estas circunstancias y acuden con la angustia que crea esa situación. Telefonean personas que por el hecho de quedarse en paro han visto dañado su entorno familiar, caen en depresión o tienen problemas con la pareja», explica Teófilo Martín Losada, presidente del Teléfono de la Esperanza en Badajoz.

Además de la vía telefónica, este organismo también pone a disposición de los usuarios psicólogos, abogados y orientadores familiares que los atienden directamente en la sede de forma gratuita y anónima. La demanda de este servicio se ha incrementado un 56% el último año. Si en 2008 un total de 83 pacenses recurrieron a esta prestación, en 2009 lo hicieron 189. El Teléfono de la Esperanza es un termómetro que mide el estado emocional de la sociedad. Refleja que ésta está cambiando en el momento en el que los problemas y las preocupaciones a las que se enfrenta son otras. «Hace muchos años las drogas ocupaban gran parte de las consultas, ahora la mayoría son por motivos socioeconómicos. También por algo tan nuevo como la adicción a las nuevas tecnologías», indica.

Del mismo modo, el perfil de los usuarios está cambiando. Si antes sólo un 30% de las llamadas eran de hombres, en los últimos años éstas han ido aumentando. «Ellos cada vez se preocupan más por las crisis emocionales y afectivas», señala.

Más información en el teléfono 924222940 o c/ Ramón Albarrán 15,1º derecha.

«Hace unos años nadie llamaba diciendo que tenía problemas para llegar a fin de mes o para pagar la hipoteca»

http://www.hoy.es/v/20100209/badajoz/tiende-mano-20100209.html

martes, 9 de febrero de 2010

NUEVO CURSO DE CONOCIMIENTO DE SI MISMO EN EXTREMADURA

El pasado fin de semana del 28 al 31 de Enero  tuvo lugar un Curso mas en El Pago de San Clemente(Trujillo)de "Conocimiento de si mismo",perteneciente al Programa de "Agentes de Ayuda" que realiza el Telefono de la Esperanza en Extremadura, dentro de  nuestra area dedicada a Enseñar a Ayudar. La respuesta a este Curso fue magnifica,como se puede apreciar en la fotografia,con una gran asistencia de participantes de toda Extremadura:Badajoz,Caceres,Merida,Almendralejo,Plasencia,Coria,Talavera la Real,Zarza de Alange...etc. El ambiente fue fenomenal y los participantes partieron a sus lugares de origen con la maleta repleta de esperanza y ganas de empezar el seguimiento en sus sedes de procedencia.


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sábado, 6 de febrero de 2010

El amor que no basta

Ella había visto muchas películas de amor, de esas que acaban con un cálido y hermoso beso final y en las que la vida aparece azul y solo llena de primaveras. Era una mujer vital, hermosa y con infinitas ganas de vivir. Le encantaban las novelas con encuentros mágicos y príncipes encantados. Sisí, la emperatriz del Imperio austro húngaro era su preferida. “¡Ojala algún día sea la protagonista de esos dulces sueños!”, se decía en cada anochecer.

El militaba en el partido. Era un hombre exigente, cumplidor, responsable, un adicto a la justicia. Tan atareado estaba con sus reuniones, asambleas y manifestaciones, que apenas le quedaba tiempo para él. Unas vacaciones, una película de cine, una cena de restaurante, nada de eso se lo podía permitir su rigor ético. “¡Qué puede haber más importante que la militancia obrera!”, recordaba en sus momentos malos. Su vida entera estaba dedicada a la clase trabajadora y al estudio.

Se encontraron en la Asociación de vecinos del barrio bajo la pancarta que abría la protesta: “Queremos una Casa de cultura ya”. Sus miradas se cruzaron de improviso, como se cruzan dos mariposas en el cielo, y ya no dejaron de mirarse en toda la tarde y mucho más. Ella, cautivada por su fuerza y su integridad; él, impresionado por sus ojos azules, su cara sonrosada y su vestido de colores.

¡Cuántos largos paseos desde entonces por la Ribera amarilla del río!. ¡Cuántos abrazos, cuántas miradas, robadas las más de las veces a la conciencia ética impuesta de él y la timidez del corazón de ella!. ¡Qué lindos los versos que juntos escribieron en las tardes de domingo, mientras se comían un helado de manzana!.

Cuando el lunes de Pascua en la pradera de margaritas ella le pidió el amor, él le habló de su reunión en la facultad . Cuando ella abrió los botones de su blusa amarilla, como quien enseña un tesoro, él le lanzó un chagüite sobre el consumismo y el hedonismo social imperante . Al ofrecerle su piel blanca, pálida, tierna, enamorada, mientras la luna llenaba el cielo de perfumes de violetas y jazmines, él le dijo que esperase y tuviera paciencia, que le ayudase a redactar el panfleto de la manifestación del día siguiente y que no se dejara llevar por el descontrol de los burgueses y la pasión cautiva de las adolescentes.

En ningún momento se atrevió a contarle su miedo a lo desconocido, su sentido de culpa arraigado desde la niñez, él que se declaraba un ateo convencido, y la inseguridad que le producía que lo suyo acabase en una decepción más. Ella se quedó desconcertada y triste y susurraba desesperada: “Quiero entregarme a quien amo, y eso solo puede ser bueno”. “Porque te amo, tenemos que esperar, llevamos poco tiempo”, le dijo él también llorando y confuso, como quien es incapaz de salir de un laberinto oscuro y que además no lo ha elegido.

Las cosas empezaron a ir mal en una pendiente imposible de frenar. El, absorto en el partido, en los comités y en las asociaciones ciudadanas y con un mar de deseos reprimidos. Ella, esperando, sin saber bien a qué, a sus libros, a sus películas, a sus poemas y a sus sueños.

A los pocos días él rompió con ella como rompen las olas contra los acantilados, de una forma salvaje y abrupta, con los versos de Ernesto Cardenal dejados con altanería en el contestador del móvil:

“Al romper, los dos perdemos.

Pero tú pierdes siempre más que yo.

Nadie te amará como yo te he amado,

Pero yo amaré a otras como te he amado a ti”.

Ella se quedó con las ganas de llamarle “hijo de...” y otros muchos y desagradables insultos. No entendía nada y menos aún su alma de adolescente romántica,

pero aquella misma noche se marchó con el vecino del quinto y se emborrachó de vodka para no pensar y no sentir y dejarse hacer sin amor lo que un día quiso hacer con amor. Cuando él se enteró sintió la absurda satisfacción de su acertada decisión de dejarla.

El, decepcionado con el partido, por tantas intrigas y tantos empujones para repartirse puestos electorales, se decidió por una terapia exigente. Ella vivió largo tiempo en el infierno de la depresión, trabajando un par de años en el Cabaret “Paris dans le nuit”. Estudió sicología, buscando deshacer los hilos revueltos de su madeja interior. Y no le fue mal.

Solo en las noches de insomnio, cuando la realidad se hace más dura, pero es limpia y estrellada, ella le recordaba como un espejismo y, dejándose llevar por la melancolía, se decía, aunque cada vez más bajo: “¿Por qué la vida nos ha separado?. ¿Por qué no estamos juntos?. Yo le amaba”.

El, en el pub de la esquina dorada, maldecía su mala suerte, repitiendo un mantra de fatalidad: “la razón nos separó, la razón nos separó”.

“Y el miedo y otras cosas”, le recordaba su amigo Fidel , mientras le acariciaba su espalda con una palmada amorosa.

 

ENVIADO POR VALENTIN TURRRADO.

jueves, 4 de febrero de 2010

¿Qué me aporta mi actual trabajo?

Publicado en elpais.com

BORJA VILASECA 17/01/2010

Para muchos profesionales, trabajar significa estrés y rutina, no sentirse dueño de la propia vida. Pero quienes buscan y conectan con su verdadera vocación pueden desarrollar una función útil y creativa que les permita disfrutar y aportar riqueza a la sociedad. Tercera y última entrega de la serie sobre crecimiento personal.

Irene Orce "Creer en mí me ha llevado a hacer lo que amo y amar lo que hago"

  • responsabilidad personal, el ahorro consciente, el comercio justo y consumo ecológico es el nuevo paradigma

"Al ser tratados como máquinas, muchos sufren su jornada laboral de cuerpo presente y mente ausente"

"¿De qué te sirven el dinero, el éxito y la respetabilidad, si te pasas el día estresado y cansado, si no eres feliz?"

25 años. Vive en pareja. Periodista especializada en desarrollo personal y 'coaching'. Dejó un trabajo que no le llenaba en plena crisis económica.

"Comencé a trabajar como periodista durante la carrera y al poco tiempo me vi envuelta en el estrés y la vorágine de la actualidad. Aprendí mucho, pero aquello no me llenaba. Los horarios maratonianos recortaron al mínimo mi vida social, y apenas tenía tiempo para mí. Cada vez sonreía menos. Esta situación me llevó a ahondar en mí misma, formándome con herramientas de autoconocimiento como el eneagrama, la PNL y el 'coaching'. Poco a poco comencé a aplicar estos conocimientos en mi vida diaria, pero aún me resistía a cambiar mi dimensión profesional. Me aferraba a la seguridad que me ofrecía el tener un trabajo fijo. Lo cierto es que di el salto definitivo debido a una saturación de malestar. Tras una profunda crisis dejé de centrar la atención en aquello que sucedía fuera y comencé a escucharme y a confiar en mí misma. Así fue como conecté con mi verdadera vocación: escribir, y cuestionar el modo que tenemos de ver y de vivir la vida, como seres humanos y como sociedad. Lancé por la ventana el autoengaño y el miedo, dejé mi puesto de trabajo y presenté el proyecto del 'blog' Metamorfosis, que me aporta mi dosis de creatividad con flexibilidad. Y nació en mí una nueva pasión: acompañar a otras personas que quieran descubrir y aprovechar su potencial para vivir más conscientemente. Creo en el despertar de la consciencia y la asunción de la responsabilidad personal como pilares de la felicidad. Por eso decidí involucrarme en un proyecto pionero e inspirador: el máster en Desarrollo Personal y Liderazgo de la Universidad de Barcelona, que actualmente tengo el privilegio de coordinar. La decisión de cambiar de trabajo no fue fácil, pero por primera vez me siento verdaderamente libre. Hago lo que amo y amo lo que hago".

El año 2009 pasará a la historia como el año en que Occidente comenzó a darse cuenta de que el capitalismo salvaje es insostenible. E incluso de una verdad todavía más incómoda: que la crisis económica y financiera que padece el sistema es un reflejo de la crisis de valores y de consciencia que vive desde hace tiempo la sociedad. Parece como si hubiéramos perdido el rumbo. Y al no saber hacia dónde vamos, la vida nos está revelando una dirección a seguir por medio de profundas modificaciones estructurales.

Aunque necesarios, los cambios que no elegimos de forma voluntaria y consciente no suelen ser nada fáciles de asumir ni de aprovechar. Por eso, en general, no nos gustan, e incluso los tememos. Pero hay una ley en la naturaleza que dice que nada muere ni se pierde, sino que todo se transforma. Y que para construir lo nuevo, primero debe destruirse lo viejo, lo que sobra, lo que ya no es útil y ha dejado de tener sentido. El resultado... Empresas que quiebran. Oficinas bancarias que cierran. Sectores que desaparecen. Despidos masivos. Y a nivel psicológico, una contagiosa epidemia de incertidumbre, inseguridad y miedo.

Muchos economistas coinciden en que este proceso de regeneración del sistema no ha hecho más que empezar. Y aunque nadie sabe exactamente qué va a pasar, conceptos como confianza, equilibrio, ética, sostenibilidad, humanismo, felicidad y sentido son cada vez más pronunciados y demandados por los individuos y las organizaciones como solución real al escenario psicológico y económico actual.

De ahí que, por más que sigan mirando hacia otro lado, a lo largo de la próxima década las empresas van a tener que humanizar su manera de gestionar a los trabajadores, así como minimizar el impacto negativo que tienen sus actividades sobre el medio ambiente. Y por más que nos resistamos, a los ciudadanos de a pie no nos va a quedar más remedio que modificar muchos aspectos de nuestro estilo de vida materialista.

Los sociólogos más visionarios predicen que los cuatro pilares del nuevo paradigma económico emergente van a ser la responsabilidad personal, el ahorro consciente, el comercio justo y el consumo ecológico. Y no sólo eso. Una minoría cada vez más mayoritaria empieza a hacerse escuchar, cuestionando la correlación entre el crecimiento económico que genera el sistema capitalista y el bienestar de la sociedad.

Más allá de caer en el victimismo, o incluso en el fatalismo, la crisis puede convertirse en una oportunidad de cambio, crecimiento y evolución, tanto individual como colectiva. Al igual que hizo Irene Orce, es hora de asumir la responsabilidad de nuestra propia vida, debemos redescubrir quiénes somos verdaderamente y emprender proyectos profesionales útiles, creativos y, sobre todo, con sentido. Por todo ello, 2010 puede ser el primer año de una nueva etapa social y económica, basada no en lo que tenemos, sino en lo que somos.

José Luis Montes "Fracasar también es lograr el éxito social a costa de la felicidad"

44 años. Separado, vive en pareja. Ex directivo de multinacionales, escritor y fundador del movimiento social Wikihappiness. El detonante de su fortalecimiento fue el sentimiento interno de fracaso vital.

"Desde pequeñito te llenan la cabeza de mentiras acerca de cómo debes vivir la vida. Te meten miedo diciéndote que has de estudiar ciertas carreras universitarias para no pasar hambre. Te condicionan para triunfar a toda costa, para tener prestigio y respetabilidad, para tener mucho dinero... Parece como si el éxito consistiera en cumplir una serie de estereotipos impuestos por la sociedad. Te venden que cuando hayas subido todos esos escalones entrarás en el 'templo de la felicidad'. Pero es una gran mentira. Yo he vivido en ese lugar y está vacío. La felicidad no está relacionada con lo que poseemos, sino con lo que somos y con nuestra capacidad para vivir en coherencia con nosotros mismos. He verificado que si tu principal objetivo es conseguir éxito, reconocimiento, estatus, poder y dinero, necesitas poner tus intereses antes que tus principios, lo que termina por destruir la humanidad innata que hay en ti. Te desconecta de tu esencia y al alejarte de ti mismo te olvidas de los valores y de los proyectos que sí valen la pena. Después de 20 años de triunfos externos, terminé por tomar consciencia de mi vacío interno: no estaba siendo feliz. ¿Acaso hay mayor fracaso que desperdiciar tu vida? Doy gracias al hecho de haber fracasado porque me dio la oportunidad de reconstruir las cosas de nuevo: vendí mi compañía y empecé a apostar por mí mismo y por los demás. No hay mayor fracaso que fijar objetivos equivocados y conseguirlos. Por eso hay tantas personas de éxito que son infelices: porque han hecho lo que el sistema les ha dicho que hagan y no lo que les dicta su corazón. Una cosa sé seguro: si no aprendes a ser feliz por ti mismo, seguro que terminas sintiéndote un fracasado. Estoy tan convencido de ello que he terminado publicando el libro 'El hombre que tuvo la fortuna de fracasar".

Dado que formamos parte de una sociedad edificada sobre un sistema monetario, cada semana nos vemos forzados a competir entre nosotros para ganar dinero. Eso fue precisamente lo que le pasó a José Luis Montes. Y lo cierto es que muchos historiadores coinciden en que se trata de una nueva forma de esclavitud, mucho más refinada que la de épocas anteriores.

Según el portal de ofertas de empleo Monster, el 15% de la población activa española dedica más de 50 horas semanales a su profesión, sin contar las horas extra, el tiempo destinado a comer o los desplazamientos in itínere. La mitad de los asalariados, por otra parte, pasa en su entorno laboral más de 40 horas; el 25%, entre 25 y 40 horas, y el 10% restante, menos de 25 horas.

Y por más que en los últimos años los expertos en management hayan introducido en España conceptos como "humanismo empresarial", "responsabilidad social corporativa" o incluso "liderazgo en valores", la precariedad y el malestar siguen siendo la realidad más común para la gran mayoría de trabajadores. Y es que una cosa es la teoría y otra bien distinta la puesta en práctica.

Así, para el 65% de la población activa española, la principal fuente de tensión y preocupación laboral es "el insuficiente salario que se percibe en relación con la función que realiza", según un estudio elaborado por un equipo de psicólogos del trabajo de la Universidad de Alcalá de Henares. Aunque el sistema capitalista genera mucha riqueza económica a través del papel que desempeñan las empresas, ésta no beneficia ni por asomo al colectivo mayoritario de la sociedad: los propios trabajadores. Ahora mismo, casi seis de cada 10 asalariados (unos 11 millones de españoles) cobran alrededor de 1.000 euros cada mes, según los últimos datos de la encuesta de población activa. En cambio, el sueldo medio de un director general en España ronda los 13.227 euros brutos mensuales, según un estudio de la firma Deloitte. Y en esa misma esfera se sitúan el resto de salarios directivos. En el caso de las empresas del Ibex 35, la desproporción se multiplica: los altos ejecutivos cobran de promedio unos 56.250 euros brutos mensuales entre la parte fija y la variable, cuya cuota anual la establece la propia cúpula directiva.

Nadie pone en duda que el exceso de trabajo, la competitividad, la ambición, la codicia o el afán de reconocimiento permiten lograr el éxito profesional y la respetabilidad social. Pero, como bien sabe el ex directivo José Luis Montes, en el camino por alcanzar la cima de la vida material solemos perder algo mucho más importante: nuestra salud y nuestro bienestar emocional. La paradoja es que, cubiertos unos mínimos, la búsqueda obsesiva de dinero y de riqueza material, más allá de incrementar la felicidad, nos la quita.

Javier Martínez de Marigorta

"Mi compromiso laboral es crear valor

a través de mis valores"

29 años. Soltero. 'Coach' y profesor especializado en cambio personal y profesional. El detonante de su fortalecimiento fue darse cuenta de la falta de sentido de su trabajo.

"A los 25 años fui contratado por una gran multinacional, alcanzando así lo que pensé que sería el principio de una carrera imparable hacia el éxito. Tras la euforia inicial, pronto mis eternas jornadas laborales me empezaron a llenar de estrés y cansancio. Por aquel entonces estaba convencido de que ése era el precio que había que pagar por alcanzar la felicidad. Además, veía que lo que me estaba pasando a mí también le pasaba a todos los demás. A pesar de la resignación generalizada, comencé a abrir los ojos. Y al empezar a ver las cosas desde una nueva perspectiva, observé la diferencia entre los valores que se predicaban en la empresa y los que realmente se practicaban. Esta visión tuvo un efecto inesperado dentro de mí. Ya no creía en mis jefes ni en los proyectos que me encargaban. De hecho, había dejado de creer en lo que hacía, dejando de dar lo mejor de mí mismo. Apareció un gran vacío. No encontraba ni un motivo para seguir yendo a trabajar. Y fue precisamente la falta de sentido en el ámbito laboral, acompañada de momentos de angustia y malestar, la que me dio la oportunidad de hacer conscientes mis valores más profundos. En este camino hacia mi interior, la herramienta del 'coaching' me fue de gran utilidad. Finalmente, la revelación que andaba buscando llegó en forma de pregunta: ¿para qué quiero que sirva lo que hago? La respuesta fue clara y rotunda: para servir a los demás, utilizando mi profesión para inspirar a las personas a descubrir su verdadera esencia. A través de mi propia experiencia de cambio, crecimiento y evolución he descubierto los beneficios existenciales y profesionales que empiezan a llegar a tu vida cuando te comprometes con tu autoconocimiento y desarrollo personal".

Más allá de la desigualdad salarial, los empleados españoles también se quejan del mal ambiente laboral, marcado por jefes tóxicos y horarios rígidos, que les impiden disfrutar de su profesión y conciliar su vida personal, familiar y laboral. Y esta reclamación no tiene nada que ver con el apretón de cinturón provocado por la crisis, sino que viene de lejos.

Según otro estudio de la Universidad de Alcalá de Henares, cerca de ocho millones de españoles sufrían en 2006 algún trastorno psíquico como consecuencia de sus nefastas condiciones laborales. Así, por aquellos años de bonanza económica, "casi el 40% de la población activa padecía estrés, acoso laboral, adicción al trabajo, estaba quemadísimo o directamente iba deprimido a la oficina".

Sin embargo, estar en el trabajo no es lo mismo que estar trabajando. "Al ser tratados como máquinas sin necesidades ni sentimientos, muchos españoles sufren su jornada laboral de cuerpo presente y mente ausente", reconoce el psicólogo del trabajo Iñaki Piñuel, autor de Mi jefe es un psicópata. "Y al desconectarse de sí mismos durante tantas horas, tantos días a la semana y tantos meses al año, corren el riesgo de convertirse en autómatas que existen, producen y consumen por pura inercia".

De hecho, dos de cada 10 empleados consideran que su empleo es "psicológicamente tóxico", según una encuesta del Instituto IEDDI. A pesar de esta situación, "la mayoría sigue fichando cada lunes, considerándose víctima y esclavo de sus circunstancias", afirma Piñuel. A su juicio, "estas personas son en realidad víctimas y esclavas de sí mismas, de sus temores e inseguridades, lo que les lleva a apegarse a ciertas excusas para no atreverse a cambiar de trabajo". Pero, tal como muestra la historia de Javier Martínez de Marigorta, el cambio es posible.

Jordi Roig Juyol "Me siento libre porque he asumido la responsabilidad de mi vida"

42 años. Soltero. Ex ingeniero, en proceso de reinvención profesional. El detonante de su fortalecimiento fue el dolor provocado por seguir un camino profesional que no era el suyo.

"Mientras desarrollaba mi carrera profesional como ingeniero, completé mi formación haciendo un máster en una prestigiosa escuela de negocios. Me sentía en la cima. Todos estaban orgullosos de mí, pero yo sentía que me faltaba algo. No acababa de sintonizar con aquella vida. Por dentro me sentía insatisfecho. Y guiado por el malestar y la falta de sentido en el trabajo, terminé en el paro. Paradójicamente, fue un golpe durísimo, pues al quitarme el vestido de profesional, no tuve ni idea de quién era yo. Fue como si me hubieran arrancado la piel. Sentí un profundo sufrimiento, que me condujo hasta el sótano de mi alma. Y en medio de aquella oscuridad, de pronto empecé a ver la luz. Me di cuenta de que había seguido inconscientemente el rumbo que la sociedad esperaba de mí, dedicando toda mi energía al trabajo, alejándome de mis propios sueños. Comprendí que era mucho más que un profesional: un explorador, un aprendiz, un maestro, un amigo, un amante, un peregrino y un niño. Y que las contradicciones que surgían en mí no eran señales de duda, sino de riqueza. Fue como un despertar. Comencé a conectar con la auténtica fuerza impulsora de mi vida, que, más allá de estar fuera, la encontré dentro de mí mismo. Y descubrí que la mejor forma de darle un sentido intenso a mi existencia era vivirla jugando. No me arrepiento de nada de lo que he hecho. Ha sido justo lo que he necesitado para llegar a donde estoy ahora. La inconsciencia me llevó hasta el dolor, y gracias a éste me he comprometido con existir conscientemente. Estoy lleno de entusiasmo e ilusión, enfocando toda mi energía a reorientar mi carrera profesional hacia la creatividad, la comunicación y la formación. Estoy aprendiendo a tomar las decisiones con el corazón".

Tras apostar por sí mismo, Jordi Roig Juyol disfruta mucho más del tiempo libre, de la familia y los amigos. Y no es el único. Existe un movimiento social en auge denominado downshifting, que en inglés significa "reducir la marcha de un vehículo". Metafóricamente representa la opción de reducir el nivel de vida para incrementar su calidad. Su impulsor, el directivo John J. Drake, autor de Vivir más, trabajar menos, afirma que "esta simplicidad voluntaria tiene la finalidad de redescubrir lo verdaderamente valioso de la vida para recuperar el contacto con la felicidad".

Drake propone "trabajar para cubrir las necesidades reales, desenmascarando las que no lo son", e invita a "cuidar la salud, la alimentación, el descanso físico y mental, así como las relaciones personales". Y gracias al aumento del tiempo libre, este experto también motiva a "desarrollar actividades creativas, constructivas y beneficiosas tanto para uno mismo como para los demás y el entorno del que se forma parte".

Llegados a este punto, Drake plantea las siguientes preguntas: "¿De qué te sirve todo lo que tienes si no gozas de tiempo para disfrutarlo? ¿De qué te sirve el éxito y la respetabilidad si te pasas el día estresado y cansado? ¿De qué te sirve ganar mucho dinero si no eres feliz?". Y por último, y tal vez más importante: "¿Quién o qué te impide cambiar de estilo de vida?". A juicio de Drake, "no hay nada irreversible" y "nunca es tarde para atreverse a cambiar". Y concluye: "Nuestro mayor enemigo es el autoengaño, pues para dejar de ser infelices el cambio es sin duda nuestro mejor aliado".

María José Dunjó "El coraje de vivir mi sueño me reveló mi auténtica vocación"

47 años. Soltera. Socia de la consultora Acambio, especializada en

procesos de desarrollo y transición profesional. Una crisis existencial

le llevó a un cambio radical de profesión y de vida.

"Siempre me gustó estudiar, y quizá por eso elegí la carrera de Ingeniería de Telecomunicaciones. Fue un reto y una inversión. Me proporcionó un buen trabajo y cierto éxito, al menos aparentemente. Con el tiempo empecé a viajar dos veces al año. Y un buen día me di cuenta de que aquellos viajes eran mucho más importantes y gratificantes que lo que estaba haciendo con el resto de mi vida. Esta toma de consciencia me hizo cuestionarlo todo. Y descubrí que yo misma me había encerrado en una 'jaula de oro': me sentía prisionera en un trabajo que reforzaba mi imagen de éxito, pero a costa de mi bienestar. Fue entonces cuando decidí renunciar a mi mundo de privilegios en favor de mí misma, de mi sueño: viajar por el mundo libre de ataduras. Y lo curioso es que la vida enseguida se puso de mi parte. Nada más tomar la decisión dentro de mí, mi empresa me ofreció una salida incentivada. Y no lo dudé. Me fui un año de viaje por Latinoamérica, una experiencia que se ha convertido en la clave de todo lo que soy y de lo que he hecho desde entonces con mi vida profesional. Si bien estuve a punto de tirar la toalla muchas veces y de volver a lo que hacía antes, por el camino se reveló mi auténtica vocación. Me di cuenta de lo útil que hubiera sido encontrar a algún profesional que me orientara en este proceso de transición. Y en eso me he convertido. Junto con mi equipo de Acambio nos dedicamos a identificar el proyecto profesional de futuro de las personas para ayudarles a gestionar su transición. He descubierto que no hay nada más poderoso e inspirador que sentir pasión por lo que haces".

Al igual que María José Dunjó, "muchos han descubierto que no hay nada más gratificante que poder servir de una u otra forma para mejorar la vida de los demás", sostiene el coach personal y ejecutivo Raimon Samsó, autor de El código del dinero. Conquista tu libertad financiera. Y para lograrlo "es necesario ejercer profesiones con sentido, es decir, que verdaderamente mejoren la calidad de vida del entorno del que formamos parte".

Así, "ganar dinero no puede ser el objetivo principal de nuestra actividad laboral. Lo que hemos de descubrir es cuál es nuestra misión, nuestro propósito, aquello que queremos hacer con nuestra existencia", afirma Samsó. Y añade: "Una vez lo sepamos, el dinero será un indicador de que nuestra función realmente contribuye a mejorar la sociedad".

Eso sí, por el camino es necesario cambiar de mentalidad. "Muchos profesionales suelen realizar una búsqueda laboral reactiva, considerándose a sí mismos como la demanda, quedando a merced de las ofertas que el sistema les ofrece". Sin embargo, "la conquista de la responsabilidad personal permite a las personas promover una creación proactiva de su profesión, viéndose a sí mismas como lo que en realidad son: la oferta". Y concluye: "Otra finalidad de este viaje hacia dentro es redescubrir qué es para cada uno de nosotros el éxito".

Según los dos filósofos más destacados del management actual, Steven Covey y Fredy Kofman, estamos frente al despertar de la "economía consciente", en la que el verdadero éxito implicará tres cosas: "Hacer lo que amamos" (estrechamente relacionado con lo que somos en esencia, de ahí que nos apasione y nos haga vibrar), "amar lo que hacemos" (vivir nuestra función con coraje, compromiso y entusiasmo, lo que depende, sobre todo, de nuestra actitud) y concebir dicha profesión con "vocación de servicio", siendo muy conscientes de que la auténtica felicidad brota de nuestro interior al hacer felices a los demás.Judit Peyrón "Estar en el paro me ha dado la oportunidad de reinventarme"

47 años. Soltera. Coordinadora de eventos. El detonante de su fortalecimiento fue la entrada forzada en el desempleo.

"Después de 26 años trabajando en el mundo empresarial, de un día para otro me encontré en el paro. Me quedé atónita. Tras el choque inicial, me obligué a dialogar conmigo misma sobre el rumbo que había tomado mi vida. Hice un intenso análisis de mi andadura laboral y concluí que lo más importante de un trabajo es que me permitiera dos cosas: estar a gusto conmigo misma y aportar mi granito de arena a la felicidad de los demás. De pronto descubrí que mi situación de crisis profesional era en realidad una gran oportunidad para reinventarme y reenfocar mi actividad laboral. Decidí apostar por un proyecto que verdaderamente me entusiasmara. ¿Quién me iba a decir a mí que el paro iba a convertirse en una bendición? Me sentía libre de cualquier excusa. No tenía nada que perder. Tan sólo quería disfrutar, aprendiendo y creciendo como persona, siendo yo misma en el trabajo. Todo este proceso de cambio me hizo conectar con la necesidad de conocerme mejor. Y este autoconocimiento trajo consigo un gran descubrimiento: ¡saber qué quería ser de mayor! Aunque suene a tópico, nunca es tarde para volver a empezar. Esta actitud positiva me abrió las puertas de un nuevo trabajo como coordinadora de eventos, mucho más coherente con mis valores. Además, acabo de empezar un posgrado de relaciones públicas y comunicación, con el que estoy fortaleciendo mis conocimientos y habilidades. A día de hoy estoy muy ilusionada con esta nueva etapa de mi vida. Ahora sé que nuestra verdadera profesión es encontrar el camino hacia nosotros mismos, descubrir quiénes somos para saber qué podemos aportar a la sociedad".

Confiar en uno mismo y en la vida no es fácil. Pero, tal como dice Judit Peyrón, merece la pena. Y esto es algo que también afirma el veterano emprendedor Steve Jobs, fundador de Apple Computer y de Pixar Animation Studios, considerado como uno de los visionarios más importantes de nuestro tiempo: es el creador de Macintosh, iPod e iPhone.

El 12 de junio de 2005 dio una conferencia en la Universidad de Stanford en la que confesó haber invertido los ahorros de sus padres en la matrícula de una prestigiosa universidad, para, medio año más tarde, decidir abandonarla por "no encontrarle sentido". Meses después, "sin apenas dinero y coqueteando con la indigencia" -dormía en el suelo de las habitaciones de sus amigos y recogía botellas de Coca-Cola por cinco céntimos para pagar la comida-, Jobs se apuntó a unas clases de caligrafía. Una década más tarde, dicho aprendizaje sentaría las bases de los diseños del ordenador Macintosh, copiados después por Windows.

"No se puede comprender el sentido de las cosas mirando hacia delante sólo mirando hacia atrás", afirmó Jobs. "Tenéis que confiar en algo: en vuestro instinto, en el destino, en el karma o en lo que sea. Porque creer que los puntos se unirán os dará la fuerza para confiar en vuestro corazón, yendo más allá de cualquier miedo. Esta forma de actuar ha marcado la diferencia en mi vida". Este visionario también habló sobre la importancia de encontrar la vocación. "El trabajo va a llenar gran parte de vuestra vida. Es necesario que encontréis eso que amáis. Si todavía no lo habéis encontrado, seguid buscando. No os conforméis ni os resignéis. Como todo lo que tiene que ver con el corazón, lo sabréis cuando lo hayáis descubierto".

Y por último reflexionó sobre la función de la muerte. "Cada mañana me miro en el espejo y me pregunto: 'Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?'. Y si la respuesta es 'no' durante demasiados días seguidos, entonces sé que necesito cambiar algo. Así es como he tomado las mejores decisiones de mi vida. Porque prácticamente todo, las expectativas de los demás, el orgullo, el miedo al ridículo o al fracaso, se desvanece frente a la muerte, dejando sólo lo que es verdaderamente importante". Y concluyó: "Vuestro tiempo es limitado. Así que no lo desperdiciéis viviendo la vida de otro. No dejéis que el ruido de las opiniones de los demás ahogue vuestra propia voz interior. Y lo más importante, tened el coraje de seguir a vuestro corazón y a vuestra intuición. De algún modo ellos ya saben lo que vosotros realmente queréis ser".

Estamos condenados a tomar decisiones. Y lo podemos hacer de forma consciente, basándonos en nuestros valores y en nuestro verdadero propósito, o podemos simplemente seguir el camino que nos ha sido impuesto por la sociedad, yendo de un lado a otro como boyas a la deriva.

Lo que está en juego es nuestra libertad para convertirnos en las personas que podemos llegar a ser. Y el primer paso para conseguirlo es hacernos responsables de nuestra propia vida. P

miércoles, 3 de febrero de 2010

LA NUBE AVARICIOSA


  Erase una vez una nube que vivia sobre un pais muy bello.Un dia,vio pasar otra nube mucho mas grande y sintio tanta envidia,que decidio que para ser mas grande nunca mas daria su agua a nadie,y nunca mas lloveria.
   Efectivamente,la nube fue creciendo,al tiempo que su pais se secaba.Primero se secaron los rios,luego se fueron las personas,despues los animales,y finalmente las plantas, hasta que aquel pais se convirtio en un desierto.A la nube no le importo mucho,pero no se dio cuenta de que al estar sobre un desierto,ya no habia ningun sitio donde sacar agua para seguir creciendo y lentamente,la nube empezo a perder  tamaño,sin poder hacer nada para evitarlo.
     La nube comprendio entonces su error,y que su avaricia y egoismo serian la causa de su desaparicion,pero antes de evaporarse,cuando solo quedaba de ella un suspiro de algodon,aparecio una suave brisa.La nube era pequeña y pesaba tan poco,que el viento la llevo consigo mucho tiempo hasta llegar a un pais lejano,precioso,donde volvio a recuperar su tamaño.
      Y aprendida la leccion,siguio siendo una nube pequeña y modesta,pero dejaba lluvias tan generosas y cuidando aquel pais, se convirtio en el mas verde,mas bonito y con mas arcoiris del mundo.